Como un Cuento de Hadas - One Shot.

✔ Para
Susana Weasley
⚡ Género
Amor
🔍 Lugar
Hogwarts
¿Nunca se han preguntado cómo se hacen los amigos? Siempre me dije eso, y, la verdad, como conocí a Draco no fue una historia tan normal, como otras. Y lo más curioso era que todo empezó porque yo estaba sola...


Me senté frente al gran cristal de mi Sala Común, que separaba el lugar con el Lago Negro y estiré mis brazos a mis lados. Mis amigas, Amelia Moody Black y Emily Avril Black Potter, estaban en el Club de Gobstones, deporte que a mí me aburría.
De repente, sentí una mano cálida rozando mis dedos. Miré a mi lado, para ver quién había producido aquello.
Y era el mismísimo Draco Malfoy.
Oh, Merlín, eso parecía el típico cuento de amor. Draco me gustaba desde hace dos años, y nunca me había notado, que yo sepa.
El roce de su mano me indicó que había retirado la extremidad. Su rostro estaba sonrojado, seguro igual que el mío, y ninguno dijo nada. Pero acerqué mi mano y tomé la de él, ¿qué hubieran hecho ustedes? Seguimos contemplando a los animales acuáticos en silencio, pero aquel momento con ausencia de nuestras voces decía mucho.
Al día siguiente no me sorprendió que volviéramos a repetir la escena del otro día, pero esta vez nos contamos cosas sobre nuestra vida, hasta que la pregunta invadió el lugar: ¿tus padres dijeron algo sobre quedar en Slytherin y no en Gryffindor?
Con esa simple pregunta mis ojos se cristalizaron y solamente asentí tristemente con la cabeza.

— ¿A ti no?—intenté salvar la conversación—. Ay, espera, obviamente querían que quedes en Slytherin, soy tan tonta...—golpeé con la palma de mi mano mi cara.

Draco rio. Merlín, su risa era dulce y contagiosa, y por su culpa, yo dí unas risillas. Era un buen amigo, si es que a un compañero de tardes se le puede llamar amigo.
Sentí el Galeon de mi bolsillo izquierdo calentarse, y supuse que las clases del ED habían sido anunciadas. Tomé la moneda de oro y me fijé que eran en tres minutos.

— ¡Mier...!—me interrumpí. Merlín, no podía tener tan mal lenguaje—. Lo siento mucho, Draco, me tengo que ir.

Me levanté del suelo y Malfoy imitó mi acción. Me asombré como por décima vez por ser más alta que él. Me acompañó a la salida y me dió un fugaz beso en la mejilla. Ambos nos pusimos tan rojos como mi lacio cabello, y corrí hacia la Sala de los Menesteres, lamentando tener que limpiar mi cara más tarde.


Umbridge nos había llamado a muchos alumnos Sangre Pura y Slytherin's, pero extrañamente Amelia no estaba entre aquellos estudiantes, y recordé que nadie sabía que era Sangre Pura. Supuse que pasaría, que nos pediría.
Y dí en el clavo.
Parece que ahora era parte de una tal Brigada Inquisitorial. ¿Su objetivo? Atrapar a Potter haciendo algo "indebido", según ella. Prometí a mí misma seguir del lado de Harry y del ED.


Draco estaba obsesionado con su nuevo cargo, por eso dejé de verlo seguido. No me gustaba que se aprovechara de su puesto, así que ya no pasaba las tardes en la Sala Común charlando con él, sino frente al Lago Negro, observando los distintos tonos del cielo, que se entremezclaban con el pasar de las horas.
Al segundo día la tranquilidad de estar sola se terminó, pues Draco encontró mi lugar y se sentó a mi izquierda.

— Siento mucho lo que haya hecho, que la verdad no sé que es—se disculpó. Reí por lo que había dicho.

— Eres tan tonto, Draco.

— ¿Tonto, yo? ¡tú llevas la misma bandita en la nariz hace cinco años!—contestó.

— ¿Crees que no la cambio, pequeño enano?

Me miró de forma mordaz. Era la primera vez que yo le decía que era más alta.

— Eres tan idiota

— ¿Pero te gusta, cierto?

Quería que sonara como una burla, pero sonó como si estuviera coqueteando, y eso me sentaba muy mal.

— En verdad no quise decir...—intenté arreglar.

— No me gusta, me encanta.

Por Merlín, por Merlín, por Merlín, ¿ahora era él quien me coqueteaba a mí? Estábamos ambos realmente sin cordura.

— Y también eres mi ojiazul y pecosa favorita.

Si seguía hablando, tenía dos finales: me desmayaría o me derritiría de amor.

— Draco, por favor...—dije, sin saber muy bien lo que estaba pidiendo.

— Estos días me comenzaste a enamorar, ¿eso es normal?—siguió, sin hacerme caso.

Ay, tenía que parar. Me estaba haciendo sonrojar tanto que seguro no se diferenciaba mi cabello de mi rostro.

— ¿Y sabes que más? Me gustas desde hace unos... ¿cinco años? En fin, desde que te ví y te conocí bien, cada vez más.

Se acercó lentamente a mi cara. Sus ojos grises y los verdes míos se encontraron y obtuvieron un extraño brillo.

— Draco...—susurré, temiendo arruinar el momento.

Nos quedamos quietos, mirándonos en silencio, hasta que me preguntó con ternura:

— ¿Puedo... puedo besarte, Sussy?

Asentí muy levemente, hipnotizada por la buena persona que podía ser de vez en cuando.
Se acercó a mí y tomó mi mejilla derecha y dió un pequeño roce de labios, para luego besarme con ternura. Los nervios me hicieron reír.

— Este es un cuento de hadas muy extraño—dije, con los ojos cerrados.

— Es porque es nuestro, lo hemos modificado a nuestro gusto.




¡Hola, queridos lectores! Aquí les traigo otro one-shot a pedido de @Susana Weasley, espero les haya gustado, y si es así, ¡díganmelo en los comentarios!
 
¿Nunca se han preguntado cómo se hacen los amigos? Siempre me dije eso, y, la verdad, como conocí a Draco no fue una historia tan normal, como otras. Y lo más curioso era que todo empezó porque yo estaba sola...


Me senté frente al gran cristal de mi Sala Común, que separaba el lugar con el Lago Negro y estiré mis brazos a mis lados. Mis amigas, Amelia Moody Black y Emily Avril Black Potter, estaban en el Club de Gobstones, deporte que a mí me aburría.
De repente, sentí una mano cálida rozando mis dedos. Miré a mi lado, para ver quién había producido aquello.
Y era el mismísimo Draco Malfoy.
Oh, Merlín, eso parecía el típico cuento de amor. Draco me gustaba desde hace dos años, y nunca me había notado, que yo sepa.
El roce de su mano me indicó que había retirado la extremidad. Su rostro estaba sonrojado, seguro igual que el mío, y ninguno dijo nada. Pero acerqué mi mano y tomé la de él, ¿qué hubieran hecho ustedes? Seguimos contemplando a los animales acuáticos en silencio, pero aquel momento con ausencia de nuestras voces decía mucho.
Al día siguiente no me sorprendió que volviéramos a repetir la escena del otro día, pero esta vez nos contamos cosas sobre nuestra vida, hasta que la pregunta invadió el lugar: ¿tus padres dijeron algo sobre quedar en Slytherin y no en Gryffindor?
Con esa simple pregunta mis ojos se cristalizaron y solamente asentí tristemente con la cabeza.

— ¿A ti no?—intenté salvar la conversación—. Ay, espera, obviamente querían que quedes en Slytherin, soy tan tonta...—golpeé con la palma de mi mano mi cara.

Draco rio. Merlín, su risa era dulce y contagiosa, y por su culpa, yo dí unas risillas. Era un buen amigo, si es que a un compañero de tardes se le puede llamar amigo.
Sentí el Galeón de mi bolsillo izquierdo calentarse, y supuse que las clases del ED habían sido anunciadas. Tomé la moneda de oro y me fijé que eran en tres minutos.

— ¡Mier...!—me interrumpí. Merlín, no podía tener tan mal lenguaje—. Lo siento mucho, Draco, me tengo que ir.

Me levanté del suelo y Malfoy imitó mi acción. Me asombré como por décima vez por ser más alta que él. Me acompañó a la salida y me dió un fugaz beso en la mejilla. Ambos nos pusimos tan rojos como mi lacio cabello, y corrí hacia la Sala de los Menesteres, lamentando tener que limpiar mi cara más tarde.


Umbridge nos había llamado a muchos alumnos Sangre Pura y Slytherin's, pero extrañamente Amelia no estaba entre aquellos estudiantes, y recordé que nadie sabía que era Sangre Pura. Supuse que pasaría, que nos pediría.
Y dí en el clavo.
Parece que ahora era parte de una tal Brigada Inquisitorial. ¿Su objetivo? Atrapar a Potter haciendo algo "indebido", según ella. Prometí a mí misma seguir del lado de Harry y del ED.


Draco estaba obsesionado con su nuevo cargo, por eso dejé de verlo seguido. No me gustaba que se aprovechara de su puesto, así que ya no pasaba las tardes en la Sala Común charlando con él, sino frente al Lago Negro, observando los distintos tonos del cielo, que se entremezclaban con el pasar de las horas.
Al segundo día la tranquilidad de estar sola se terminó, pues Draco encontró mi lugar y se sentó a mi izquierda.

— Siento mucho lo que haya hecho, que la verdad no sé que es—se disculpó. Reí por lo que había dicho.

— Eres tan tonto, Draco.

— ¿Tonto, yo? ¡tú llevas la misma bandita en la nariz hace cinco años!—contestó.

— ¿Crees que no la cambio, pequeño enano?

Me miró de forma mordaz. Era la primera vez que yo le decía que era más alta.

— Eres tan idiota

— ¿Pero te gusta, cierto?

Quería que sonara como una burla, pero sonó como si estuviera coqueteando, y eso me sentaba muy mal.

— En verdad no quise decir...—intenté arreglar.

— No me gusta, me encanta.

Por Merlín, por Merlín, por Merlín, ¿ahora era él quien me coqueteaba a mí? Estábamos ambos realmente sin cordura.

— Y también eres mi ojiazul y pecosa favorita.

Si seguía hablando, tenía dos finales: me desmayaría o me derritiría de amor.

— Draco, por favor...—dije, sin saber muy bien lo que estaba pidiendo.

— Estos días me comenzaste a enamorar, ¿eso es normal?—siguió, sin hacerme caso.

Ay, tenía que parar. Me estaba haciendo sonrojar tanto que seguro no se diferenciaba mi cabello de mi rostro.

— ¿Y sabes que más? Me gustas desde hace unos... ¿cinco años? En fin, desde que te ví y te conocí bien, cada vez más.

Se acercó lentamente a mi cara. Sus ojos grises y los verdes míos se encontraron y obtuvieron un extraño brillo.

— Draco...—susurré, temiendo arruinar el momento.

Nos quedamos quietos, mirándonos en silencio, hasta que me preguntó con ternura:

— ¿Puedo... puedo besarte, Sussy?

Asentí muy levemente, hipnotizada por la buena persona que podía ser de vez en cuando.
Se acercó a mí y tomó mi mejilla derecha y dio un pequeño roce de labios, para luego besarme con ternura. Los nervios me hicieron reír.

— Este es un cuento de hadas muy extraño—dije, con los ojos cerrados.

— Es porque es nuestro, lo hemos modificado a nuestro gusto.
Chisme
¡Hola, queridos lectores! Aquí les traigo otro one-shot a pedido de @Susana Weasley, espero les haya gustado, y si es así, ¡díganmelo en los comentarios!
AMOOOOOOOOOOOOO
 

Nymphad0ra

O.M. III
14 Jul 2021
2.600
4
2.044
883
12
Aburrida
padlet.com
¿Nunca se han preguntado cómo se hacen los amigos? Siempre me dije eso, y, la verdad, como conocí a Draco no fue una historia tan normal, como otras. Y lo más curioso era que todo empezó porque yo estaba sola...


Me senté frente al gran cristal de mi Sala Común, que separaba el lugar con el Lago Negro y estiré mis brazos a mis lados. Mis amigas, Amelia Moody Black y Emily Avril Black Potter, estaban en el Club de Gobstones, deporte que a mí me aburría.
De repente, sentí una mano cálida rozando mis dedos. Miré a mi lado, para ver quién había producido aquello.
Y era el mismísimo Draco Malfoy.
Oh, Merlín, eso parecía el típico cuento de amor. Draco me gustaba desde hace dos años, y nunca me había notado, que yo sepa.
El roce de su mano me indicó que había retirado la extremidad. Su rostro estaba sonrojado, seguro igual que el mío, y ninguno dijo nada. Pero acerqué mi mano y tomé la de él, ¿qué hubieran hecho ustedes? Seguimos contemplando a los animales acuáticos en silencio, pero aquel momento con ausencia de nuestras voces decía mucho.
Al día siguiente no me sorprendió que volviéramos a repetir la escena del otro día, pero esta vez nos contamos cosas sobre nuestra vida, hasta que la pregunta invadió el lugar: ¿tus padres dijeron algo sobre quedar en Slytherin y no en Gryffindor?
Con esa simple pregunta mis ojos se cristalizaron y solamente asentí tristemente con la cabeza.

— ¿A ti no?—intenté salvar la conversación—. Ay, espera, obviamente querían que quedes en Slytherin, soy tan tonta...—golpeé con la palma de mi mano mi cara.

Draco rio. Merlín, su risa era dulce y contagiosa, y por su culpa, yo dí unas risillas. Era un buen amigo, si es que a un compañero de tardes se le puede llamar amigo.
Sentí el Galeon de mi bolsillo izquierdo calentarse, y supuse que las clases del ED habían sido anunciadas. Tomé la moneda de oro y me fijé que eran en tres minutos.

— ¡Mier...!—me interrumpí. Merlín, no podía tener tan mal lenguaje—. Lo siento mucho, Draco, me tengo que ir.

Me levanté del suelo y Malfoy imitó mi acción. Me asombré como por décima vez por ser más alta que él. Me acompañó a la salida y me dió un fugaz beso en la mejilla. Ambos nos pusimos tan rojos como mi lacio cabello, y corrí hacia la Sala de los Menesteres, lamentando tener que limpiar mi cara más tarde.


Umbridge nos había llamado a muchos alumnos Sangre Pura y Slytherin's, pero extrañamente Amelia no estaba entre aquellos estudiantes, y recordé que nadie sabía que era Sangre Pura. Supuse que pasaría, que nos pediría.
Y dí en el clavo.
Parece que ahora era parte de una tal Brigada Inquisitorial. ¿Su objetivo? Atrapar a Potter haciendo algo "indebido", según ella. Prometí a mí misma seguir del lado de Harry y del ED.


Draco estaba obsesionado con su nuevo cargo, por eso dejé de verlo seguido. No me gustaba que se aprovechara de su puesto, así que ya no pasaba las tardes en la Sala Común charlando con él, sino frente al Lago Negro, observando los distintos tonos del cielo, que se entremezclaban con el pasar de las horas.
Al segundo día la tranquilidad de estar sola se terminó, pues Draco encontró mi lugar y se sentó a mi izquierda.

— Siento mucho lo que haya hecho, que la verdad no sé que es—se disculpó. Reí por lo que había dicho.

— Eres tan tonto, Draco.

— ¿Tonto, yo? ¡tú llevas la misma bandita en la nariz hace cinco años!—contestó.

— ¿Crees que no la cambio, pequeño enano?

Me miró de forma mordaz. Era la primera vez que yo le decía que era más alta.

— Eres tan idiota

— ¿Pero te gusta, cierto?

Quería que sonara como una burla, pero sonó como si estuviera coqueteando, y eso me sentaba muy mal.

— En verdad no quise decir...—intenté arreglar.

— No me gusta, me encanta.

Por Merlín, por Merlín, por Merlín, ¿ahora era él quien me coqueteaba a mí? Estábamos ambos realmente sin cordura.

— Y también eres mi ojiazul y pecosa favorita.

Si seguía hablando, tenía dos finales: me desmayaría o me derritiría de amor.

— Draco, por favor...—dije, sin saber muy bien lo que estaba pidiendo.

— Estos días me comenzaste a enamorar, ¿eso es normal?—siguió, sin hacerme caso.

Ay, tenía que parar. Me estaba haciendo sonrojar tanto que seguro no se diferenciaba mi cabello de mi rostro.

— ¿Y sabes que más? Me gustas desde hace unos... ¿cinco años? En fin, desde que te ví y te conocí bien, cada vez más.

Se acercó lentamente a mi cara. Sus ojos grises y los verdes míos se encontraron y obtuvieron un extraño brillo.

— Draco...—susurré, temiendo arruinar el momento.

Nos quedamos quietos, mirándonos en silencio, hasta que me preguntó con ternura:

— ¿Puedo... puedo besarte, Sussy?

Asentí muy levemente, hipnotizada por la buena persona que podía ser de vez en cuando.
Se acercó a mí y tomó mi mejilla derecha y dió un pequeño roce de labios, para luego besarme con ternura. Los nervios me hicieron reír.

— Este es un cuento de hadas muy extraño—dije, con los ojos cerrados.

— Es porque es nuestro, lo hemos modificado a nuestro gusto.




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Amooooo ❤️🖤
 

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